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La literatura en el mundo

Para escribir sobre este tema, que considero importantísimo para todos los escritores brasileños, le pedí ayuda a mi gran amigo, Júlio Emílio Braz, autor veterano, premiado muchas veces en Brasil y en Europa.

De hecho, abro un paréntesis aquí y le presto mis sinceros homenajes, Julio Emílio Braz, que, siempre persistente, nunca dejó de seguir su sueño. Empezó su carrera por una gran casualidad, escribiendo tiras cómicas de terror para la extinguida Editorial Vecchi. Desempleado en aquella época y responsable por el sustento de la familia, a Júlio le empezó a gustar contar historias y nunca volvió a trabajar como contador. Con su primer libro juvenil, intitulado Saguairu, recibió el Premio Jabutí de Autor Revelación, en la década de 1980. Hoy, tiene cerca de 120 títulos juveniles publicados y varias de sus obras fueron traducidas para otros idiomas, teniendo un gran éxito en las escuelas de Alemania, Suiza, Austria y México. Algunos de sus libros recibieron prestigiosos premios en esos países. Él es uno victorioso, en todos los sentidos, y lo admiro mucho por eso. Vivir de literatura en Brasil es un privilegio, destinado a pocos, y él consiguió llegar allí. ¡Felicitaciones mi amigo!

Según la experiencia de Júlio Emílio, que viaja por todo Brasil y también por Europa, visitando las escuelas y haciendo conferencias para maestros y estudiantes, la literatura juvenil brasileña es muchísimo más comprometida que la extranjera. Según él, los escritores brasileños no se avergüenzan de exponer en sus libros los problemas sociales de nuestro país, lo que no pasa, por ejemplo, en Europa, incluso en Los Estados Unidos. Al contrario, las historias destinadas a los teens giran siempre alrededor de los mismos temas: fantasía, aventura, amor, humor, terror. La experiencia de Júlio Emílio le mostró que existe, por parte de las editoriales extranjeras, una fuerte resistencia a la discusión de asuntos más serios, siempre considerados «inadecuados» para la juventud. Según él, en ese sentido, nosotros estamos mucho más adelantados frente al «Primer Mundo», pues a pesar del poco espacio que los medios de comunicación brasileños les conceden a las publicaciones juveniles, el número de publicaciones es bastante representativo y hay una infinidad de escritores que se dedican exclusivamente a esta categoría, muchos de ellos alcanzando también gran éxito financiero, como es el caso de mi amigo.

La lección que sacamos de esto es muy importante, porque una vez más somos llevados a reconocer nuestro propio talento y, en la misma medida, nuestra inconsciente osadía al tratar de temas como SIDA, aborto y embarazo en la adolescencia, criminalidad, sexualidad, uso de drogas, religión, hambre, pobreza y miseria. La literatura juvenil que tenemos hoy en nuestro país es una literatura que hace pensar, que ya tiene su propia historia, nombres respetados y autores considerados clásicos en el género — lo que es motivo de orgullo para nosotros, autores, editores y lectores.

Si nuestros teens tienen acceso a trabajos que no enmascaran la realidad — tantas veces dura y difícil- de nuestra sociedad, con certeza ellos desarrollarán bastante el sentido crítico respecto de la vida y del mundo, especialmente porque ellos viven en un país latino, cuyo día a día es muy diferente al día a día de los países ricos. Encarar la realidad tal cual ella se muestra es el primer paso para intentar modificarla un día. ¿Y esos cambios, quién los hará? ¡Los jóvenes de hoy, los teens de ahora! Qué lean, sí, sobre nuestros días, sobre nuestro país, sobre nuestras manchas sociales, para que puedan, más adelante, combatir las injusticias y ayudar hacer de Brasil un lugar maravilloso para vivir.