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Escribir para los jóvenes

Hablar de literatura juvenil es una felicidad para mí. Y escribir para ellos es un gran placer. Hablando francamente, creo que la literatura juvenil debe tener otro nombre. La palabra «juvenil» no traduce hoy en día la realidad de los teens y, desde mi punto de vista, se transformó en una palabra totalmente obsoleta. Antigua. Pasada de moda. Siendo así, prefiero hablar en Literatura Teen.

¿Por qué me gusta tanto escribir para adolescentes? Porque esa es una fase de la vida en que no se es más niño… pero tampoco se es adulto. La adolescencia es, realmente, la mitad del camino y es justamente allí que los más grandes problemas pueden suceder. Por otro lado, es un gran momento para pensar sobre la vida, para empezar a «afilar» nuestras garras, preparando el cuerpo y el espíritu para la vida adulta, que vendrá enseguida.

Hay muchas personas que piensan en los teens como seres sin cerebro, que no tienen otra preocupación además de… preocuparse con algo sin importancia. ¡Nada más lejos de la realidad! Los teens, de forma general, están extremamente preocupados con todo. Se interesan por todo, quieren entender de todo, exactamente porque ellos saben que la vida allá fuera los espera en breve. Guardando las proporciones y descontando las excepciones, yo diría que la adolescencia es la mejor etapa de la vida, pues nosotros podemos darle la espada a la (controlada) infancia y probar el sabor de la libertad de la vida adulta sin asumir sus reales responsabilidades. Por eso me gusta escribir para ellos.

Fue en mi adolescencia que aprendí a pensar, a reflexionar sobre el mundo. Fue a los 14 años que empecé a escribir. Fue en esa edad que yo viví mi primer amor. Y todos esos eventos tuvieron una gran importancia para mí, fueron determinantes para que yo me tornase en quien soy hoy. Quiero decir, una persona preocupada con el mundo que me rodea y que pretende, por medio de sus libros, lanzar semillas a los cuatro vientos para que algunas florezcan, sea donde sea o cuando sea.

No tengo la pretensión (nunca la tuve) de «parecer juvenil» en mis libros. Sería ridículo, sobre todo porque ya pasé esa etapa hace algún tiempo. Pero busco que mis palabras sean accesibles a ellos, colocando en pauta discusiones pertinentes a su edad, el cotidiano, intereses y modos de vida. Espero, pues, alcanzar siempre ese objetivo.

  

Lamentablemente en mi país la Literatura Juvenil es considerada “literatura pequeña”, los medios de comunicación no le dan espacio, los cuadernos literarios la ignoran solemnemente. Inclusive la Literatura Infantil, que también vive un poco al margen, es vista con alguna suspicacia, aunque con más condescendencia, quizá debido a su historia, más extensa que la Juvenil. Se habla mucho en «literatura para niños» y muy poco en «literatura para jóvenes.» La prueba de eso es que la mayoría de los concursos literarios, programas oficiales de adquisición de libros y semejantes, colocan a las dos categorías en una sola (infanto-juvenil), cuando realmente, desde mi punto de vista, deberían estar separados, ya que hay autores que sólo escriben para uno u otro segmento.

Pero esa es una larga discusión, y los cambios vendrán con el tiempo, a medida que cada vez más autores se dediquen a escribir para jóvenes. Cruzo los dedos para que en un futuro próximo, nuestra producción literaria destinada a los teens llegue a muchos países y que también podamos conocer más la producción literaria que existe fuera. Ese acercamiento de culturas diferentes a través del conocimiento de la producción literaria es uno de mis sueños… Yo espero conseguir realizarlo y seguir contando con la ayuda de muchos escritores.