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La literatura en Brasil

No tengo cualquier pretensión de escribir un largo ensayo sobre los rumbos de la literatura brasileña. ¡Lejos de mí tal idea! Lo que pretendo es colocar en pauta algunas opiniones personales que están entrelazadas a mi experiencia en el mercado editorial. A pesar de todas las dificultades, a pesar de que el potencial de lectura de nuestro pueblo esté muy lejos del ideal, ha habido avances y creo que de una manera bastante rápida.

¡Jamás se habían visto tantas ferias de libros y eventos literarios como en los últimos diez años! Nunca se habían visto en Brasil tantos concursos realizados de norte al sur. Jamás se habían visto tantas bibliotecas comunitarias naciendo mes a mes. Esos progresos son muy importantes y significativos para un país cuyo porcentaje de lectores es infinitamente pequeño, cuando es comparado con el número total de habitantes. Eso muestra que hay un gran interés de las personas por la lectura, y que lo que hace falta, con certeza, es el poder adquisitivo para la compra de libros, que aún son muy caros para el brasileño promedio.

Es común que se cobre de las editoriales libros más accesibles al bolsillo de los lectores. Sin embargo, y guardando las proporciones debidas aquí, no es tan fácil para las editoriales, sobre todo para las pequeñas, mantener precios muy bajos. Respecto a las grandes editoriales, aunque ellas poseen el capital necesario para invertir, ellas también sufren con el peso del pago de impuestos al gobierno. Se sabe que cuanto menor el precio, más compradores habrá. Pero el problema está en los precios de la producción gráfica, que son caros. De hecho, la palabra costo está a punto de volverse en Brasil, de bajo nivel, ¡pues todo aquí es muy caro!

En fin, sin entrar en consideraciones económicas y administrativas que envuelven a las editoriales brasileñas, la verdad es que, a pesar de todas las dificultades, Brasil es un país que lee cada día más. Y nuestra literatura todavía tiene un largo camino que recorrer en otros países, pues aunque nuestros editores tengan el hábito de comprar los derechos de obras extranjeras, el camino inverso es infinitamente menor, y Brasil importa mucho más de lo que exporta en ese mercado. No tengo nada contra la adquisición de obras americanas o europeas, ¡claro que no! Pero sueño con el día en que muchos de nuestros autores y obras tendrán un gran éxito en el exterior, debido a la gran calidad de nuestra producción literaria, mostrándole al mundo la verdadera cara de Brasil, nuestra visión de mundo y la realidad en que vivimos.

Sobre el camino a la lectura, nada mejor que el incentivo de la familia, de la escuela y de los amigos. Quien tiene contacto con libros en la niñez, con certeza reservará para ellos un espacio importante en su vida. Y le enseñará eso a sus hijos. Que le enseñarán a sus nietos, bisnietos y así sucesivamente.

Y para finalizar este tema, nada mejor que la célebre frase de Monteiro Lobato, uno de nuestros grandes escritores:

“Un país se hace con hombres y libros.”

¡Piensen en eso!